martes, 9 de julio de 2013

Los blogs resisten

Los sabios aseguran que los blogs –esas bitácoras personales que se multiplicaron por millones en pocos años-, están pasando a mejor vida. Y entonces, no es extraño descubrir a muchos de ellos abandonados, como barcos encallados en la arena, con fechas antiguas y sin renovar. Sus dueños –hartos acaso de tirarle piedras a la luna-, desertaron pronto de la naciente blogósfera.
En otros términos: los blogs se mueren.
Hace rato que ya no son una novedad para los más jóvenes, que los han reemplazado por otros artificios: Facebook primero, Twitter después, y quién sabe qué mañana.
Hasta no hace mucho, se decía que los blogs eran pequeños espacios de libertad individual en los que ciudadanos de a pie podían ejercer su libre albedrío de modo democrático.
Se abría –se dijo-, una gigantesca democracia directa online.
Un ágora mundial electrónica.
Pero se multiplicaron tanto, se crearon tantas voces libres, que se convirtieron en un coro clamoroso sin sentido ni cohesión: millones de blogs que no decían nada. Sólo unos pocos lograron trascendencia y por consiguiente, se convirtieron en otra cosa.
Los blogs se mueren, preconizan los sabios.
No obstante, algunos subsisten al paso del tiempo por la extraña pero heroica convicción de la resistencia.
El íntimo fracaso es el secreto de su éxito.

Este, amigos, es uno de esos blogs. 


domingo, 23 de junio de 2013

Justicia e impuestos


                                                                         a Luz Milagros

En los países justos, los impuestos vuelven al pueblo en forma de educación y salud.
En los países injustos, los impuestos vuelven al pueblo en forma de gases lacrimógenos.

En los países justos, el sistema tributario está basado en impuestos a los ricos para que -de ese modo-, no haya pobres.
En los países injustos, el sistema tributario está basado en impuestos a los pobres para que –de ese modo-, siga habiendo ricos.

Los países justos no invierten en educación y salud porque son justos: son justos porque invierten en educación y salud.
Los países injustos nunca invierten en educación y salud precisamente para seguir siendo injustos.



domingo, 9 de junio de 2013

Paloma




Ella no baila.
 Levita.
 Ella parece tener alas en los pies ligeros.
 Y se desliza etérea como si burlara a la gravedad.
 Ella no baila.
 Le hace el amor al espacio-tiempo.

martes, 21 de mayo de 2013

Larga vida a Manzarek


Hace poco fue Jon Lord. Ahora otro tecladista fundamental se nos va: Ray Manzarek, miembro fundador de The Doors.
Acaso cerebro musical del grupo, siempre resultó oculto tras ese frontman desquiciado y genial que era Jim Morrison.
Pero Manzarek estaba allí detrás, sosteniéndolo todo con sus acordes psicodélicos e hipnóticos. Y con su célebre mano izquierda, que reemplazaba con enorme swing al bajista ausente de la banda.
Ray Manzarek murió a los 74 años, dice la escueta noticia.
Larga vida a Manzarek.



Foto: fuente Wikipedia

sábado, 18 de mayo de 2013

El perro y la rabia


Murió Videla.
El dictador Videla.
Murió, acaso, un símbolo del pasado más atroz de este país.
El dictador Videla murió, en efecto, y en una cárcel.
Enjuiciado.
Sentenciado.
Murió, en definitiva, donde debía estar.
Y con él, quizá, se fue una parte de ese pasado ominoso.
Y ya está.
Muerto el perro se acabó la rabia.
¿Se acabó la rabia?
Porque el perro murió y la rabia sigue.
Porque Videla hizo su trabajo sucio.
Y luego ya no importó.
Es fácil patear a un perro muerto.
Porque Videla y sus secuaces trabajaron para un poder que continúa más que vigente.
Videla y sus militares ganaron la “guerra sucia”.
Pero más tarde no fueron “reconocidos”.
Porque Videla creía -de veras, sinceramente-, ser un héroe.
Eso es lo terrible.
Videla se creía un soldado espartano que cumplió con su deber.
Un salvador que nos librara de la subversión marxista, ese fantasma que crearon las clases dominantes como coartada para preservar sus intereses económicos.
Y entonces Videla y sus secuaces (como el también fallecido Martínez de Hoz) implantaron un país que todavía padecemos.
Crearon un monstruo que todavía pagamos.
Ese pasado no murió con Videla.
Sigue impune en algunos rostros poderosos de hoy.


miércoles, 24 de abril de 2013

Barcelona: ¡gracias por el fútbol!


Pase lo que pase de aquí en más –lo afirmo sin dudar-, gracias, Fútbol Club Barcelona!
Así sea el final de un ciclo, como se atrevió a catalogar el diario As.
Así pueda el equipo recuperarse o se acabe su sueño –reitero-, gracias, Barcelona.
Por brindarnos un fútbol que creíamos extinto.
Un fútbol generoso, de juego asociado, que piensa más en el arco rival que en el propio.
Un fútbol de respeto por la pelota.
Gracias, entonces, Barcelona.
Por devolvernos las ganas de ver un partido.
Por combinar eficacia, táctica y elegancia.
Gracias por la genialidad de Messi.
El talento de Iniesta.
La sabiduría de Xavi.
Por no traicionarse ni en los peores momentos.
En efecto: todo tiene su fin, y también un equipo puede entrar en rendimiento decreciente.
Nada puede durar para siempre en este Universo.
Y mucho menos lo bueno.
Si esto es así –reitero esta hipótesis osada-, gracias de todos modos por lo vivido y lo que acaso aún queda por vivir.
En nombre de la sangre catalana que me heredaron mis ancestros.
Gracias, Barcelona, por relumbrar como una perla en el barro del fútbol mezquino, utilitarista, especulador.
Un fútbol mediocre como el mundo mismo.


domingo, 7 de abril de 2013

Hasta la próxima tragedia (versión 3)


La secuencia es simple.
Primero incubamos la tragedia.
(Y digo incubamos, porque en este país, las tragedias no nacen de un repollo)
En efecto: primero incubamos la tragedia.
Prolijamente.
Y entonces consentimos o votamos la destrucción del estado.
De la educación.
De la salud.
(Y luego pretendemos, claro, que los trenes funcionen como en Suiza.
O que las escuelas sean como en Finlandia).
Incubamos la tragedia –repito-, con nuestros actos cotidianos.
De desprecio por las reglas.
De viveza criolla.
Incubamos la tragedia al elegir –nuevamente-, a quienes nos gobiernan.
Que se parecen a nosotros, al fin y al cabo.
Y son siempre los mismos.
Cada pueblo tiene los gobernantes que se le parecen.
Y entonces elegimos ir siempre por los mismos caminos.
Y oh casualidad llegamos siempre a los mismos sitios.
Y tropezamos siempre con las mismas piedras.
Y después de tanto incubar la tragedia, la tragedia -al fin-, se produce.
Y entonces sobrevienen el dolor, el estupor, la indignación.
Y luego, la solidaridad.
Porque, eso sí, somos un país muy solidario, ¿sabe?
Y entregamos todo, como expiando nuestras culpas.
(Esas culpas que nadie tiene, o que son siempre de los demás)
Pero luego del dolor, el estupor y la indignación, volvemos a la normalidad.
Volvemos a nuestra estúpida comodidad.
A nuestra desidia.
A nuestro subdesarrollo, ese que beneficia a unos pocos.
Volvemos a incubar nuestra próxima tragedia.