miércoles, 18 de noviembre de 2009

El extraño caso del país de los que escupían para arriba


Había una vez un país cuya población tenía la curiosa costumbre de escupir para arriba.

Era un hábito divertido y jocoso.

Escupir para arriba.

Casi todos lo hacían.

Y se reían.

Pum para arriba, les decían desde la tele.

Y todos escupían y se reían.

Es muy divertido escupir para arriba.

Es más: los gobernantes de aquel país aseguraban que escupir para arriba les iba a permitir entrar al Primer Mundo.

Y a la modernidad.

Y a tener un autito 0km.

Y así iban por la vida, entonces, los habitantes de aquel país: escupiendo para arriba.

Divertidos.

Y con su autito 0km.

Pum para arriba.

Pero hete aquí que –y siempre hay un pero hete aquí que en los cuentos-, las cosas cambiaron. Un señor llamado Newton se adelantó y dijo: “Todo lo que sube, baja. Esto va a terminar mal”.

Nadie lo escuchó.

Y todos siguieron escupiendo para arriba.

Y un buen día, los escupitajos de la gente de aquel país comenzaron a caer.

Y caían en la cara de la gente.

Plaf.

Pum para abajo.

Ya no era gracioso.

Qué asco.

Esto no es el Primer Mundo, dijeron.

Qué vergüenza.

Y los escupitajos caían.

Que alguien haga algo, gritaba la gente de aquel país.

Y los escupitajos siguen cayendo.




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