sábado, 16 de abril de 2016

Anatomía del odio

Se odia lo que se teme”. Eso leí el otro día.
Se odia lo que se teme.
O lo que no se conoce: lo desconocido también genera temor porque implica una amenaza.
Se odia lo que se teme y se teme lo que no se conoce.
Se odia lo que amenaza.
Y este país está muy lleno de odio.
Verán.
Los privilegiados de este país instilan odio, un odio muy fuerte de clase, porque temen perder sus privilegios. Odian con temor lo que les amenaza. Entonces odian a todo aquello que pueda provocar un cambio, real, posible o imaginario, da lo mismo. Entonces odian a todo lo que representa un eventual cambio. Odian a la “izquierda”, esos zurdos fanáticos.
Y con fulgor odian al “populismo”, esa cosa horrible que les da algo a los pobres.
Porque el populismo les personifica en su imaginario una amenaza de cambio, de degradación. Y entonces, los privilegiados odian.
No hay nada peor para un país que sus privilegiados se crean con derecho a tener privilegios. Porque los privilegiados temen perderlo todo. Y entonces odian. Odian con pasión, una pasión parecida a aquella que –curiosamente-, les achacan a sus eventuales enemigos, los populistas, los zurdos.
Pero lo peor es que ese odio de los privilegiados no se queda allí, quieto, contenido: gotea hacia abajo, hacia la clase media, e incluso hacia los pobres.
Porque parte de la clase media también odia. Si. También odia al populismo. Muchas personas de clase media odian al populismo porque se sienten identificados con los privilegiados. Porque quieren ser como ellos. Y entonces transfieren su odio hacia los pobres, los negros, los sucios. Los de abajo: siempre hay que tener alguien a quien menospreciar.
Y entonces odia: la clase media odia porque quiere ser como los ricos y teme ser como los pobres. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

La leyenda de las Invencibles

Cuando la dictadura arreciaba con su horror, sólo un puñado de mujeres salió a las calles para poner el cuerpo contra la opresión.
Y mientras los honestos ciudadanos se guardaban en sus casitas presos del miedo o la complicidad, allí estaban ellas, marchando.
Y mientras Mirtha Legrand no denunciaba vivir bajo una dictadura, allí también estaban ellas poniendo, literalmente, el pecho a las balas.
Las Madres.
Las Abuelas.
Por eso, cuando ya ninguna de ellas quede con vida –y esto ocurrirá más pronto que tarde-, su leyenda no morirá.
Porque son las Imprescindibles.
Las Madres.
Las Abuelas.
Porque ya son Invencibles.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Gente decente

Ahora sí, menos mal, ahora sí nos gobierna la “gente decente”.
Un presidente “decente”, que dice que va a luchar contra la corrupción y asume con dos procesamientos judiciales, uno pedido por un fiscal muy “decente”.
Un presidente “decente” que viene de una familia “decente” que nunca hizo negociados con la dictadura ni con el menemato corrupto.
Jamás!
Gente decente.
Gente limpia como las cloacas de Morón.
Un presidente “decente” que encabezó en la Ciudad un gobierno tan o más corrupto que el que se fue de la Nación.
Pero vos no te enteraste mucho porque a este presidente decente lo encubrió la prensa “decente”, la misma que (oh, casualidad) nunca hizo negociados turbios durante la dictadura y el menemato corrupto.
La prensa decente e independiente.
Ahora si que nos gobierna la gente decente!
Nos gobierna un gabinete “decente” compuesto por exmenemistas y exdelaruístas.
Gente muy decente.
Qué se vayan todos los decentes!
Y si no son exmenemistas o exdelaruístas son exCEO’s de las empresas “decentes” que se quedaron con el Estado durante… (adivinen!) la dictadura y el menemato corrupto…!!!
Empresarios decentes.
Y ahí la tenés a la nueva primera dama, una chica “decente”. La flamante it girl de la forrándula, no es divina?? Esta sí que es una chica decente, de una familia decente que hace su dinero explotando bolitas en talleres clandestinos muy decentes.
Viva la gente decente!!!

viernes, 13 de noviembre de 2015

¿Por qué amamos tanto a los perros?

¿Por qué amamos tanto a los perros?
Porque buscamos en ellos lo que no encontramos en muchos humanos.
Porque un perro no te elige por conveniencia ni por cálculo.
Un perro no te usa y luego te tira cuando ya no le servís.
Un perro no te traiciona.
Un perro nunca te abandona.
Por eso me resulta tan cruel ver como algunas personas son capaces de deshacerse de su perro. Abandonarlo a la buena de Dios.
¿Hay acaso una traición mayor que traicionar al más fiel?

viernes, 24 de julio de 2015

Tango y blues

La música es el idioma universal por excelencia. Sólo asume diferentes geografías según el caso. Pero en definitiva, es una misma única cosa.
Por eso en Japón gustan del tango y aquí gusta el blues. Porque cuando una música nace del corazón de un pueblo y trasciende sus fronteras, ya pertenece al mundo.

Por eso el tango y el blues, en el fondo, son básicamente lo mismo.

martes, 21 de abril de 2015

Yo, argentino

Los argentinos nunca tenemos nada que ver con lo malo que ocurre en el país. La culpa siempre es del otro, del Gobierno, del clima o del Fondo Monetario Internacional.
Porque los argentinos de bien nunca consintieron dictaduras. Tampoco votaron a un tipo que dijo haber leído a Sócrates.
Yo, señor?
No, señor.
Los argentinos nunca apoyaron un plan económico que destruyó el tejido social, desmanteló el estado y dejó a millones de personas en la pobreza y la marginación, sembrando lo que ahora cosechamos como “inseguridad”.
No, claro, no tiene nada que ver una cosa con la otra.
Los argentinos no manejamos nuestro autito mientras hablamos por celular, no coimeamos al agente de tránsito cuando nos detienen, no tiramos la basura en cualquier lugar ni hacemos cagar al perro en la vereda del vecino.
Yo?, argentino!
Los argentinos somos geniales y no tenemos la culpa de nada.
La culpa siempre, pero siempre, la tienen los demás.

domingo, 25 de enero de 2015

Barcos abandonados




Leo que sólo el 1,1 por ciento de los blogs registrados en el mundo se actualiza regularmente. El resto, el resto son como barcos abandonados en un playa desierta, con sus esqueletos oscuros encallados en la arena.
Pues aquí estamos, entonces.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Sobre dictaduras




Resulta paradójico que los mismos diarios que aseguran hoy vivir "bajo una dictadura" no decían     -durante la verdadera dictadura-, que vivíamos "bajo una dictadura".

jueves, 28 de agosto de 2014

Noticias

Las noticias no son la realidad.
Sépanlo.
Las noticias son lo que le conviene a alguien que haya sucedido.
Punto.
Porque las noticias ocultan hechos que en verdad ocurrieron pero que no es conveniente mostrar.
Las noticias sólo muestran lo que alguien quiere mostrar.
Alguien selecciona lo que es “noticia” y ese alguien no es inocente.
Tiene ideología, cosmovisión y sobre todo, intereses.
Las noticias, de ese modo, no pueden juzgarse sin ese nivel adicional de conciencia crítica.
Porque las noticias no son inocentes.
Las noticias son, en muchos casos, una deformación interesada de la realidad, que es una forma sutil de la mentira.

domingo, 6 de julio de 2014

Eruca Sativa, la evolución del power trío


Con sólo tres discos en su haber y una breve carrera iniciada en 2007, Eruca Sativa se ha convertido en puntal del denominado nuevo sonido argentino del rock nacional. No obstante la ambigüedad de esa definición, lo cierto es que la banda cordobesa contiene elementos que la hacen destacar por sobre sus demás contemporáneas.
“Fusión” es la palabra que caracteriza a ES, dice Brenda Martin, bajista de la agrupación. En efecto: porque el estilo de Eruca alberga una paleta de colores y sonoridades que evocan a los viejos power trío de finales de los 60 y principios de los 70, y sonidos –digamos-, más “modernos”. Es decir: Eruca parece contener en cierto modo el pasado y el presente (y acaso el futuro) del rock.
En Eruca Sativa oímos algo de los primeros Rush o Grand Funk Railroad –por mencionar algunas bandas lejanamente emparentadas-, todo mezclado con un poco de Red Hot Chili Pepers o Foo Fighters, y con la obvia y reconocida influencia autóctona de Divididos.
En Eruca hay de todo como en botica: rock, funk, metal, pop o folklore si es menester, y el paquete viene envuelto en un power trío simple y original. Y además, con ese toque femenino que le dan la voz rota y la guitarra criteriosa de Lula Bertoldi, más las líneas virtuosas de Brenda (una guitarrista que toca el bajo). Gabriel Pedernera –el caballero de la película-, completa la formación con su sólida y ágil batería.

Por todo esto creo que Eruca Sativa es una vuelta de tuerca al rock, la evolución del power trío. 
















miércoles, 18 de junio de 2014

Conmigo no cuenten

Primero. La deuda externa argentina –como la de buena parte de Latinoamérica y el Tercer Mundo-, es esencialmente ilegítima y ya fue “pagada” varias veces con intereses usureros y “refinanciaciones” diversas. Y digo que es ilegítima porque fue contraída en gran medida por gobiernos de facto, con la “anuencia” de los organismos financieros internacionales (FMI y BM) y el beneficio de bancos y empresas privadas locales y extranjeras. En otros términos: es una estafa lisa y llana contra el Estado argentino, es decir, contra todos nosotros.
Segundo. El juez Griesa no tiene soberanía sobre las decisiones en materia económica de un país como Argentina: controla apenas un tribunal menor de un país extranjero. La cesión de la soberanía económica de nuestro país en la renegociación de la deuda fue lograda bajo la presión del default y el ahogo de los sucesivos gobiernos de turno. Es legal pero no legítima, como todo contrato leonino. Es un absurdo jurídico que no consiento: el juez Griesa no puede decidir sobre lo que yo debo o no debo. Es como poner a un zorro para que dirima el litigio entre el lobo y las gallinas.
Tercero. Los llamados “fondos buitre” no son más que lacras del sistema financiero internacional, basuras que lucran con la deuda de los países pobres, es decir, con el hambre de millones de personas. Conmigo no cuenten: no quiero pagarles ni un centavo a estos hijos de mil puta.
Buenas noches!


lunes, 16 de junio de 2014

Estafas








Las deudas se pagan; las estafas, no.

jueves, 6 de febrero de 2014

Porqué los precios suben

Uno de los mitos que la economía neoliberal ha implantado en el imaginario colectivo consiste en suponer que los precios suben por obra de algún mecanismo autónomo.
Según esta visión, los precios tienen vida propia, son inexplicables e impredecibles, como un rayo u otro fenómeno atmosférico caprichoso que hace lo que le viene en gana.
Los precios suben, así sin más, como si tuvieran decisión independiente y soberana, y nada podemos hacer al respecto, más que contemplarlos como a dioses coléricos. 
Pero los precios, amigos, no tienen vida propia ni autonomía de decisión.
LOS PRECIOS SUBEN PORQUE ALGUIEN LOS SUBE, MACHO.
En otros términos: en algún momento, alguien toma la decisión de subir los precios.
Es verdad que en ciertos casos puntuales, algunos productos pueden sufrir aumentos de precio estacionales o temporales: cuando la oferta o la demanda son afectadas por un hecho de fuerza mayor, “los precios” reaccionan en consecuencia.
Pero hay un pequeño error en esta concepción neoclásica de la economía: está rematadamente comprobada la falacia de las vetustas leyes de la oferta y la demanda. La economía no se maneja con automatismos o equilibrios mecánicos, como creían los autores neoclásicos. Esa es una visión in abstracto que choca con la realidad más prístina: a los precios alguien los sube porque le conviene y puede hacerlo, y además puede imponer esa suba a los demás actores de la economía, incluso al Estado mismo.
Muchos comerciantes aducen que han subido sus precios porque sus proveedores han hecho lo propio. Y así todos se tiran la pelota unos a otros. Sin embargo, la cadena de precios que se mueve como una ola hasta llegar al consumidor comienza en algún punto: los denominados “formadores de precios”.
En líneas generales, estos personajes económicos son grandes empresas que controlan todas las fases de producción y distribución de la mayoría de los bienes. En la Argentina, sin ir más lejos, un puñado de 50 empresas maneja el 80 por ciento de todo el mercado de rubros del llamado “consumo masivo”. Basta para que estas empresas decidan aunar conveniencias (“cartelizar” se llama a eso) para que la cadena de precios se desate como una cascada de fichas de dominó.
Dicho de otro modo: hay quienes tienen el poder de aumentar los precios, e iniciar la cadena de la eventual inflación.
Visto desde este ángulo, entonces, el precio no es otra cosa que el resultado de una estructura de poder que no responde a la simple oferta y demanda.
Cuando un precio sube, alguien gana y alguien pierde. Adivinen quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores.
Esta es la razón por la cual los “controles de precios” suelen fallar: los controles de precios nunca controlan a quienes en verdad controlan los precios, esto es, los formadores de precios.
En sí mismo, el precio contiene el llamado “margen de ganancia”, un porcentaje que garantiza la rentabilidad de la empresa capitalista. Este margen de ganancia puede ser razonable (es decir, adecuado a los costos de producción dados) o puede oscilar entre la mera especulación y el liso y llano abuso.
Mirándolo una vez más desde este ángulo, el precio es una suerte de transferencia legal, que en muchos casos resulta un sometimiento del sistema para con los consumidores.
En la Argentina, los márgenes de ganancia de muchas empresas son de seguro tan abusivos, que los precios de sus productos se derrumbarían estrepitosamente si se ajustaran a sus costos de producción.
Es que el precio es en si mismo un abuso. Es una transferencia permanente de ingresos del consumidor a las grandes empresas. Y en el mejor de los casos, es una transferencia de costos de los empresarios intermediarios al consumidor, un mecanismo para trasladar sus pérdidas a la sociedad.
Cuando es menester –y hay razones políticas para ello-, el aumento de precios deviene en la tan meneada inflación. O incluso, en una espiral hiperinflacionaria, que no es otra cosa que una gigantesca y abrupta transferencia de ingresos de los pobres a los ricos por intermedio de los precios.

Cuando hay inflación o hiperinflación no perdemos todos: hay unos pocos que se vuelven más y más poderosos. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Aquel 10 de diciembre

Fue, acaso, el día más feliz de mi vida.
Se terminaba la asfixia de la dictadura, esa garra sangrienta que nos oprimía la garganta.
Volvíamos a respirar el aire puro de la libertad.
Fue un día maravilloso, se podía comprobar en las casas y en las calles, y hasta en el clima.
Fuimos felices ese día.
Ese sábado radiante.
Fuimos felices casi sin saberlo.
Felices.
Así lo recuerdo.
Lo que vino después es otra cuestión. Decepciones más que alegrías.
Humillaciones a veces. 
Es que la democracia no lo arregla todo, como supusimos ingenuos. La democracia tarda en construirse, décadas, tal vez siglos. Y nos falta mucho.
30 años no es poco, es verdad.
Pero no habrá democracia mientras no haya cloacas ni gasas ni justicia.
La democracia es incompatible con la injusticia.
No habrá democracia mientras unos pocos tengan mucho y muchos tengan poco o nada.
No es un juego de palabras: es el problema que deberemos solucionar si queremos que aquel 10 diciembre tenga algún sentido algún día.     

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¡Gracias, Roger, por el tenis!



Sea como fuere que tu carrera profesional prosiga de aquí en más, quiero decirte gracias, Roger, por tanto tenis.
Por combinar en cada cancha la eficacia, la técnica y la elegancia.
Por tu revés exquisito.
Por inundar de placer los ojos de los que gustamos de este deporte.
Por tu talento y tu caballerosidad.

En síntesis, por transformar al tenis en una suerte de arte


martes, 27 de agosto de 2013

La medicina, esa enfermedad que mata *



                                                            Está en la naturaleza de la medicina que si hacés algo mal, vas a matar a alguien. Si no pueden asumir esa realidad, elijan otra profesión.
                                                                                                                                                                                                                                                                                          Dr. Gregory House
                                                                                         
                                                        Primum non nocere (Lo primero es no dañar)
                                                                                                                                                                                                                                                         Precepto atribuido a Hipócrates



Pocas cosas matan en el mundo más que los mismos médicos.
La medicina occidental se ha transformado en una maquinaria compleja capaz de salvar tantas vidas como de segarlas.
Parece una contradicción, pero no lo es.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que “decenas de millones” de personas sufren lesiones graves o mueren al año en todo el mundo por los errores de diagnóstico, las malas prácticas quirúrgicas y las consecuencias nocivas de los tratamientos medicamentosos.
Decenas de millones, dice la OMS. Evidencias no le faltan.
El informe Death by medicine (Muerte por la medicina) advertía -hace casi ya diez años-, que los errores médicos eran la principal causa de muerte en los EE.UU., con más de 780 mil decesos anuales. De acuerdo a este polémico artículo, el sistema de salud estadounidense causa más daño que beneficio.
Más datos respaldan su hipótesis.
Según un estudio de la Asociación de Oncología Médica de Italia, mueren en ese país europeo 90 personas al día por fallas en el sistema sanitario, unas 32 mil al año. La sumatoria mortal supera a las provocadas por el cáncer, las dolencias cardiovasculares o los accidentes de tránsito.
Peor el remedio que la enfermedad: hace rato ya que la medicina occidental se ha transformado en parte del problema de la salud mundial antes que en su solución.

La miopía de los médicos

La medicina occidental padece de una miopía peligrosa: ve al paciente como un mero conjunto de síntomas que se expresan en algún órgano o sistema, e ignora la totalidad del cuerpo del enfermo. Ignora que el todo no puede reducirse a sus partes. De ese modo, si uno tiene un problema en el hígado, es atendido por un hepatólogo; si uno tiene un problema en el corazón, lo derivan al cardiólogo, etc., etc., etc. Todos los especialistas ven su “parte” del problema, pero ninguno ve al paciente como a un todo somático, psicológico y social. Al experto en un pedazo del cuerpo rara vez le importa el entorno del paciente, sus opiniones y sus hábitos, por lo que apenas conoce algo de él.
Porque nadie mejor que uno conoce su propio cuerpo.
Sin embargo, el enfermo no puede abrir la boca cuando va al consultorio porque el doctor es el que sabe. La relación médico-paciente se sustenta en una subordinación tácita del segundo al primero. No hay cosa más desagradable para los médicos que aparezca un enfermo que se atreve a dudar, a disentir y –peor aún-, a cuestionar su saber.
-¿Quién es el médico, usted o yo? –suelen preguntar los médicos en esa incómoda circunstancia.
Para la medicina occidental, los pacientes no tienen opinión alguna en el proceso de diagnóstico: son idiotas (House consiente este término), meros conjuntos de síntomas con patas que deben hacer lo que se les dice.
Y punto.
La conclusión de todo esto es simple y horrible: los médicos no saben nada de sus pacientes, excepto por la “partecita” que les corresponde. En ese contexto, ¿cómo no se van a producir errores de diagnóstico? 

La línea de montaje sanitaria

Ante un mismo conjunto de síntomas, los médicos suelen recetar a menudo el mismo tratamiento universal, como si todos los pacientes fuesen iguales. Del mismo modo, tres médicos distintos pueden hacer tres diagnósticos diferentes sobre un mismo caso (¡Y los tres, estar mal!) Se ignora aquel viejo precepto según el cual hay tantas enfermedades como enfermos: el tratamiento que a un paciente puede salvarle la vida, a otro puede sencillamente matarlo.
Es que el diagnóstico no es una ciencia exacta: es casi un arte basado en datos y también en la intuición, esa parte de la inteligencia que no se ve. No cualquiera puede diagnosticar, como no cualquiera puede componer una sinfonía o escribir El Aleph. Dicho de otro modo: muchos médicos no están en condiciones de diagnosticar y sin embargo, lo hacen.
Lamentablemente.
Es verdad que, en buena medida, los malos diagnósticos tienen mucho que ver con la deficiente atención a los pacientes. En las obras sociales -y ni que hablar de los hospitales públicos o el PAMI, esas máquinas de eliminar gente-, el paciente pasa por una suerte de línea de montaje sanitaria donde es atendido con una superficialidad asombrosa. Excepto raras ocasiones, no hay tiempo para un análisis profundo. Conclusión: el médico de hoy ha perdido el “ojo clínico” que caracterizaba a los viejos galenos.

La industria de la enfermedad

Tampoco debe soslayarse que el médico es un eslabón más de una cadena muy amplia que empieza con los grandes laboratorios farmacéuticos (que no son más que grandes empresas capitalistas), y termina (literalmente en muchos casos) con los pacientes. ¿Ustedes leen los prospectos de los remedios que toman? Muchos medicamentos tienen tantas contraindicaciones y efectos adversos, que a veces es mejor quedarse con la enfermedad de base.
Sin embargo, la cantidad de sustancias que se sobre-recetan es enorme, como ocurre con los antibióticos. Desde luego, hay quienes ganan mucho dinero vendiendo toda esa basura química.
Es que la enfermedad se ha convertido en una industria. En los catálogos de Farmacity podemos encontrar un remedio para cada mal: si tenés esto, tomate esto otro o aquello. Cada dolencia tiene su cura, y su cura, claro, su precio.
En otros términos: la medicina occidental es parte de un negocio gigantesco que lucra con la enfermedad, y por consiguiente, con la salud de la gente.

Sanas conclusiones

“No quiero ir al médico porque no quiero enfermarme”, dice una frase de la inventiva popular. A veces, lo mejor es no visitar ningún consultorio. Se los aseguro. Y mucho menos un hospital. El peor lugar para llevar a un enfermo es a uno de estos sitios horribles, donde uno de cada diez internados sufrirá una infección intrahospitalaria (que en uno de cada 300 casos será mortal, según cifras de la OMS).
De nuevo: peor el remedio que la enfermedad.

El sistema de la medicina occidental esta enfermo: Dios quiera que no lo atiendan los médicos. 




*a mi madre, víctima no contabilizada de la medicina y los malos médicos

jueves, 15 de agosto de 2013

La insoportable e inveterada atomización de la izquierda

La pregunta remanida tras cada puta elección siempre es la misma: ¿cuándo la izquierda se va a presentar unida?
Dicho de otro modo.
¿Cuándo los partidos que dicen representar a la izquierda –y por ende, a miles de personas que en muchos casos no los votan-, van a abandonar su estúpida e inveterada atomización?
¿Cuándo dejarán de lado los dogmatismos, personalismos, partidismos y demás ismos, en aras de encolumnarse tras tres, cuatro o cinco conceptos centrales que toda izquierda –aquí, en cualquier parte del mundo y acaso en la Vía Láctea-, debe compartir? ¿Cuándo comprenderán que a menudo suelen dar pena con sus propuestas inútiles que no convencen ni siquiera a los convencidos?
Hasta los más rancios teóricos de la derecha admiten que una izquierda activa es siempre útil para la buena salud del sistema político de cualquier país.
¿Entenderán que a este paso nunca van a gobernar ni un club de barrio? ¿Será el destino manifiesto de la izquierda no acceder jamás a gobierno alguno? ¿Será que –el día que pueda ganar una hipotética izquierda-, se acaban las elecciones y la famosa democracia?
No lo se.
Pero constato un hecho esperanzador: hay mucha más gente de izquierda de lo que creemos. Se los aseguro. Hay gente que es de izquierda y no lo sabe. Los partidos de izquierda, parece, tampoco. 


martes, 9 de julio de 2013

Los blogs resisten

Los sabios aseguran que los blogs –esas bitácoras personales que se multiplicaron por millones en pocos años-, están pasando a mejor vida. Y entonces, no es extraño descubrir a muchos de ellos abandonados, como barcos encallados en la arena, con fechas antiguas y sin renovar. Sus dueños –hartos acaso de tirarle piedras a la luna-, desertaron pronto de la naciente blogósfera.
En otros términos: los blogs se mueren.
Hace rato que ya no son una novedad para los más jóvenes, que los han reemplazado por otros artificios: Facebook primero, Twitter después, y quién sabe qué mañana.
Hasta no hace mucho, se decía que los blogs eran pequeños espacios de libertad individual en los que ciudadanos de a pie podían ejercer su libre albedrío de modo democrático.
Se abría –se dijo-, una gigantesca democracia directa online.
Un ágora mundial electrónica.
Pero se multiplicaron tanto, se crearon tantas voces libres, que se convirtieron en un coro clamoroso sin sentido ni cohesión: millones de blogs que no decían nada. Sólo unos pocos lograron trascendencia y por consiguiente, se convirtieron en otra cosa.
Los blogs se mueren, preconizan los sabios.
No obstante, algunos subsisten al paso del tiempo por la extraña pero heroica convicción de la resistencia.
El íntimo fracaso es el secreto de su éxito.

Este, amigos, es uno de esos blogs. 


domingo, 23 de junio de 2013

Justicia e impuestos


                                                                         a Luz Milagros

En los países justos, los impuestos vuelven al pueblo en forma de educación y salud.
En los países injustos, los impuestos vuelven al pueblo en forma de gases lacrimógenos.

En los países justos, el sistema tributario está basado en impuestos a los ricos para que -de ese modo-, no haya pobres.
En los países injustos, el sistema tributario está basado en impuestos a los pobres para que –de ese modo-, siga habiendo ricos.

Los países justos no invierten en educación y salud porque son justos: son justos porque invierten en educación y salud.
Los países injustos nunca invierten en educación y salud precisamente para seguir siendo injustos.



domingo, 9 de junio de 2013

Paloma




Ella no baila.
 Levita.
 Ella parece tener alas en los pies ligeros.
 Y se desliza etérea como si burlara a la gravedad.
 Ella no baila.
 Le hace el amor al espacio-tiempo.