La pregunta
remanida tras cada puta elección siempre es la misma: ¿cuándo la izquierda se va a presentar unida?
Dicho de otro
modo.
¿Cuándo los
partidos que dicen representar a la
izquierda –y por ende, a miles de personas que en muchos casos no los
votan-, van a abandonar su estúpida e inveterada atomización?
¿Cuándo
dejarán de lado los dogmatismos, personalismos, partidismos y demás ismos, en aras de encolumnarse tras
tres, cuatro o cinco conceptos centrales
que toda izquierda –aquí, en cualquier parte del mundo y acaso en la
Vía Láctea-, debe compartir? ¿Cuándo
comprenderán que a menudo suelen dar pena con sus propuestas inútiles que no
convencen ni siquiera a los convencidos?
Hasta los más
rancios teóricos de la derecha admiten que una izquierda activa es siempre útil para la buena salud del sistema político de cualquier país.
¿Entenderán
que a este paso nunca van a gobernar ni un club de barrio? ¿Será el destino manifiesto
de la izquierda no acceder jamás a gobierno alguno? ¿Será que –el día que pueda
ganar una hipotética izquierda-, se acaban las elecciones y la famosa democracia?
No lo se.
Pero constato
un hecho esperanzador: hay mucha más gente de
izquierda de lo que creemos. Se los aseguro. Hay gente que es de izquierda y no lo sabe. Los partidos de
izquierda, parece, tampoco.


