La música es el idioma universal por excelencia.
Sólo asume diferentes geografías según el caso. Pero en definitiva, es
una misma única cosa.
Por eso en Japón gustan del tango y aquí gusta el
blues. Porque cuando una música nace del corazón de un pueblo y trasciende sus
fronteras, ya pertenece al mundo.
Por eso el tango y el blues, en el fondo, son básicamente
lo mismo.
Los argentinos
nunca tenemos nada que ver con lo malo que ocurre en el país. La culpa siempre
es del otro, del Gobierno, del clima o del Fondo Monetario Internacional.
Porque los
argentinos de bien nunca consintieron dictaduras. Tampoco votaron a un tipo que
dijo haber leído a Sócrates.
Yo, señor?
No, señor.
Los argentinos
nunca apoyaron un plan económico que destruyó el tejido social, desmanteló el
estado y dejó a millones de personas en la pobreza y la marginación, sembrando
lo que ahora cosechamos como “inseguridad”.
No, claro, no
tiene nada que ver una cosa con la otra.
Los argentinos
no manejamos nuestro autito mientras hablamos por celular, no coimeamos al
agente de tránsito cuando nos detienen, no tiramos la basura en cualquier lugar
ni hacemos cagar al perro en la vereda del vecino.
Yo?,
argentino!
Los argentinos
somos geniales y no tenemos la culpa de nada.
La culpa siempre, pero siempre,
la tienen los demás.
Leo que sólo el 1,1 por ciento de los blogs registrados en el mundo se actualiza regularmente. El resto, el resto son como barcos abandonados en un playa desierta, con sus esqueletos oscuros encallados en la arena. Pues aquí estamos, entonces.
Resulta paradójico que los mismos diarios que aseguran hoy vivir "bajo una dictadura" no decían -durante la verdadera dictadura-, que vivíamos "bajo una dictadura".
Con sólo tres
discos en su haber y una breve carrera iniciada en 2007, Eruca Sativa se ha
convertido en puntal del denominado nuevo
sonido argentino del rock nacional. No obstante la ambigüedad de esa
definición, lo cierto es que la banda cordobesa contiene elementos que la hacen destacar por sobre sus demás contemporáneas.
“Fusión” es la
palabra que caracteriza a ES, dice Brenda Martin, bajista de la agrupación. En
efecto: porque el estilo de Eruca alberga una paleta de colores y sonoridades que
evocan a los viejos power trío de
finales de los 60 y principios de los 70, y sonidos –digamos-, más “modernos”.
Es decir: Eruca parece contener en cierto modo el pasado y el presente (y acaso
el futuro) del rock.
En Eruca
Sativa oímos algo de los primeros Rush o Grand Funk Railroad –por mencionar algunas
bandas lejanamente emparentadas-, todo mezclado con un poco de Red Hot Chili
Pepers o Foo Fighters, y con la obvia y reconocida influencia autóctona de
Divididos.
En Eruca hay de todo como en botica: rock, funk,
metal, pop o folklore si es menester, y el paquete viene envuelto en un power
trío simple y original. Y además, con ese
toque femenino que le dan la voz rota y la guitarra criteriosa de Lula
Bertoldi, más las líneas virtuosas de Brenda (una guitarrista que toca el
bajo). Gabriel Pedernera –el caballero de la película-, completa la formación
con su sólida y ágil batería.
Por todo esto
creo que Eruca Sativa es una vuelta de
tuerca al rock, la evolución del power trío.